Es un error común pensar que Estados Unidos compró las Islas Vírgenes a los Países Bajos. En realidad, en 1917 Estados Unidos adquirió las Indias Occidentales Danesas a Dinamarca por 25 millones de dólares en oro, obteniendo las islas de Saint Thomas, Saint John y Saint Croix, que hoy forman las Islas Vírgenes de Estados Unidos en el Caribe. En su momento, el acuerdo se presentó como una decisión pragmática y fría propia de tiempos de guerra. Washington temía que Alemania pudiera apoderarse de las islas o establecer allí una base naval cerca de rutas marítimas atlánticas vitales y del Canal de Panamá.
Más de un siglo después, el acuerdo sigue reapareciendo en el debate político —no por su carácter colonial, sino por la lógica estratégica que lo impulsó—. Las cuestiones de territorio, seguridad y poder que dieron forma al acuerdo de 1917 vuelven a ocupar un lugar central en las discusiones geopolíticas de 2026.
Informes recientes han aclarado muchos detalles de la transacción. Al mismo tiempo, ha regresado una vieja falsedad: la afirmación de que la última venta de islas por parte de Dinamarca implicó lo que hoy se conoce comúnmente como “la isla de Epstein”. No fue así. La historia real es más simple y más instructiva, y eso importa porque las decisiones del pasado se reciclan una y otra vez —y a menudo se distorsionan— en los argumentos geopolíticos contemporáneos.
Lo que Dinamarca realmente vendió en 1917
En virtud del tratado de 1917, Dinamarca transfirió tres islas principales con instalaciones portuarias consolidadas, administración civil y un valor militar de largo plazo en el Caribe. El precio acordado de 25 millones de dólares en oro era sustancial para los estándares de la época. Según los métodos de cálculo, su equivalente actual es de aproximadamente 630 millones de dólares (≈ 540 millones de euros).
Para el gobierno de Estados Unidos, el pago nunca tuvo que ver con el valor del suelo ni con el potencial de desarrollo inmobiliario. El objetivo primordial era negar a potencias rivales el acceso a un estrecho marítimo de importancia militar y económica global, en un momento en que la Primera Guerra Mundial estaba redefiniendo las prioridades estratégicas. Para Copenhague, el precio representó el valor de liquidación de una colonia lejana con una relevancia política residual limitada.
El contexto diplomático fue igualmente importante. Junto con la venta, Estados Unidos se comprometió a no oponerse al fortalecimiento de la posición política y económica de Dinamarca en Groenlandia. Este vínculo entre una transferencia territorial caribeña y garantías relacionadas con la seguridad del Ártico explica por qué el acuerdo de 1917 reaparece repetidamente en los debates modernos sobre la importancia estratégica de Groenlandia. No fue simplemente una transacción inmobiliaria, sino parte de un acuerdo geopolítico más amplio.
Por qué “la isla de Epstein” no tiene relación con esta historia
Hasta la transferencia de las Indias Occidentales Danesas en 1917, Saint Thomas estaba bajo soberanía danesa. Little Saint James, una pequeña isla cercana a Saint Thomas, no fue objeto de ninguna transacción separada entre gobiernos. El cambio de jurisdicción se produjo automáticamente como parte del traspaso territorial más amplio.
La notoriedad posterior de la isla no tiene nada que ver con asuntos de Estado. Se debe a la propiedad privada y a las investigaciones penales asociadas a Jeffrey Epstein décadas más tarde. Tras la muerte de Epstein, Little Saint James se convirtió en un activo de lujo problemático. En 2022, se puso a la venta con un precio solicitado de alrededor de 125 millones de dólares (≈ 107 millones de euros), lo que reflejaba una combinación de valoración de “activo trofeo” caribeño y un descuento reputacional. En 2023, se informó de que Little Saint James y la isla vecina Great Saint James se vendieron juntas por aproximadamente 60 millones de dólares (≈ 51 millones de euros).
Se trató de transacciones inmobiliarias privadas y no deben confundirse con la venta territorial de 1917.
Por qué un acuerdo de hace más de un siglo importa hoy
Entre las adquisiciones territoriales de Estados Unidos, la compra de las Indias Occidentales Danesas destaca como uno de los pocos ejemplos modernos de una transferencia directa desde una potencia europea. A medida que las rutas marítimas del Ártico, la infraestructura militar y la alineación de la seguridad transatlántica dominan cada vez más el escrutinio geopolítico, los paralelismos históricos se trazan con mayor frecuencia.
El marco político y jurídico del acuerdo de 1917 no puede —ni podrá— reproducirse en el siglo XXI. Sin embargo, la lógica estratégica que lo impulsó sigue siendo relevante. En 1917, Estados Unidos pagó lo que hoy equivaldría a más de medio billón de euros no por población, recursos naturales o superficie —Dinamarca en sí era mucho más grande—, sino por ubicación y acceso a largo plazo.
Es esta lógica la que mantiene a Groenlandia en el centro de los debates globales sobre seguridad. La referencia no es a una venta potencial, sino al poder duradero de la geografía.
Lo que más importa hoy
La transacción de 1917 no trató de “la isla de Epstein” ni de un único puesto avanzado caribeño. Afectó a tres islas estratégicamente situadas, vendidas por 25 millones de dólares en oro, impulsadas por cálculos de seguridad más que por una lógica económica. Little Saint James no formó parte de ese acuerdo y no tiene ninguna conexión con la desinversión colonial danesa.
Lo que importa hoy no es el mito, sino el mensaje. Dinamarca sí vendió islas por dinero, pero el precio fue pequeño en relación con su valor estratégico. Ese valor residía en décadas de acceso e influencia. Como muestran las realidades geopolíticas de los siglos XX y XXI, la lógica de la venta de 1917 sigue resonando —no como una repetición de la historia, sino como una nueva afirmación de la geografía.


